Dos poemas de Luis de Góngora y Argote

Este poeta del siglo de oro español ((Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627) , cura de profesión , gozó de mucha admiración y también de gran controversia , esto debido a que su estilo principal , del cual es un ejemplo el soneto aquí publicado , llamado Culteranismo se caracterizó por un exceso de alusiones oscuras a la cultura clásica , por un recargado modo de expresión y una sintaxis compleja , quizás  se lo podría calificar de un tanto manierista , en todo caso la generación de 1927 , liderada por Federico García Lorca se organizó en torno a un homenaje y reconocimiento  de la obra de este poeta ; muy famosa fue ,por otra parte, su disputa con Francisco de Quevedo , en la cual , personalmente le encontramos la razón a este último ; esto no significa que Góngora no tenga su propio valor de buen poeta , aunque bastante inferior a Quevedo ; el segundo poema incluido aquí es un romance de su primera época en que usaba un estilo más convencional . Su obra más famosa s0n las “Soledades”.

De la brevedad engañosa de la vida

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta
que presurosa corre, que secreta
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.
¿Confiésalo Cartago y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti los las horas,
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.
—————————————-

La más bella niña

La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy viuda y sola,
ayer por casar,
viendo que sus ojos
a la guerra van,
a su madre dice,
que escucha su mal

No me pongáis freno
ni queráis culpar,
que lo uno es injusto,
lo otro por demás.
Si me queréis bien,
no me hagáis mal,
harto peor fuera
morir y callar,
Dejadme llorar
orillas del mar.

Dejadme llorar
orillas del mar.
Pues me distes, madre,
en tan tierna edad
tan corto el placer
tan largo el pesar,
y me cautivastes
de quien hoy se va
y lleva las llaves
de mi libertad,

Dulce madre mía,
¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces
viendo marchitar
los más verdes años
de mi mocedad?
Dejadme llorar
orillas del mar.

Dejadme llorar
orillas del mar.
En llorar conviertan
mis ojos, de hoy más,
el sabroso oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden
mejor ocupar,
yéndose a la guerra
quien era mi paz,

Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse y no vean
tanta soledad,
después que en mi lecho
sobra la mitad,
Dejadme llorar
orillas del mar.

Dejadme llorar
orillas del mar.

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